GUÍA DE INTRODUCCIÓN A LA APNEA
Siete cosas que ocurren adentro mientras bajas, y lo que hay que saber antes de la primera vez.
Ricardo Valero · Instructor de apnea · Los Cabos, Baja California Sur
ANTES DE EMPEZAR
Llevo años bajando y fotografiando en el Mar de Cortés, y hace poco me certifiqué como instructor de apnea. Antes de eso fui el que no sabía nada: llegué creyendo que esto se trataba de aguantar la respiración y de tener buenos pulmones.
Ninguna de las dos es cierta. Lo que sí es cierto es que tu cuerpo hace cosas bajo el agua que nadie te contó, y que saberlas cambia por completo la primera vez. A mí me las contaron tarde.
Esta guía son siete de esas cosas, en orden, sin adornos. Al final hay tres ejercicios que puedes hacer esta semana en tu casa, sentado y sin riesgo.
Leer esto no te entrena. Nada de lo que viene aquí se practica dentro del agua sin un instructor. Más adelante hay una página entera sobre por qué, y vale más que todas las demás juntas.

UNO
Tu cuerpo no mide el oxígeno que te queda. Mide el dióxido de carbono que se acumula.
Cuando aguantas la respiración, el oxígeno baja en silencio. Lo que sube, y lo que sí se siente, es el CO₂. Unos sensores en el bulbo raquídeo y en las arterias del cuello lo detectan y disparan la urgencia de respirar.
Por eso esa sensación de «ya no aguanto» llega mucho antes del problema real. No es tu límite: es una alarma, y está calibrada con mucho margen.
Entender esto cambia la primera inmersión de alguien más que cualquier ejercicio físico. Deja de ser una pelea contra el cuerpo y empieza a ser una lectura del cuerpo.
Quimiorreceptores centrales del bulbo raquídeo y periféricos de los cuerpos carotídeos

DOS
Con solo meter la cara al agua, tu pulso baja. No lo decides tú.
Se llama reflejo de inmersión y lo tenemos todos los mamíferos. El agua en la cara activa el nervio trigémino, el nervio vago responde y el corazón baja el ritmo. En estudios con bebés, el pulso cayó una cuarta parte en promedio.
Al mismo tiempo la circulación se reacomoda: la sangre se concentra donde hace falta y el bazo se contrae, liberando glóbulos rojos de reserva. Eso suma entre cinco y diez por ciento más capacidad de cargar oxígeno.
No hay que instalar nada. El equipo viene de fábrica; lo que falta es saber usarlo.
Reflejo de inmersión · trigémino y vago · la contracción del bazo es simpática

TRES
El aire de tus pulmones se comprime con la profundidad. A diez metros ocupa la mitad.
Es física, no esfuerzo. Cada diez metros de agua suman una atmósfera de presión, y el volumen del gas baja en la misma proporción.
El pecho se hunde, el cuerpo cambia de forma y todo es normal. Lo que no es normal es forzarlo sin saber: la profundidad se gana con técnica, no con ganas.
| En la superficie | 100% |
|---|---|
| 10 metros | 50% |
| 20 metros | 33% |
| 30 metros | 25% |
Ley de Boyle

CUATRO
Se detiene a los cinco metros porque le duelen los oídos.
Es el problema número uno del principiante y casi nunca se habla de él. El aire del oído medio se comprime igual que el de los pulmones, y si no le metes aire, duele.
La maniobra que se usa arriba —soplar con la nariz tapada— funciona poco y tarde. La que sirve en apnea se hace con la lengua y se llama Frenzel. Se aprende en seco, frente a un espejo, antes de meterse al agua.
Si te has regresado por los oídos, no tienes nada malo: nadie te ha enseñado a hacerlo.
Compensación del oído medio · maniobra de Frenzel

CINCO
Es el diafragma pidiendo aire. No es el cerebro apagándose.
A los pocos segundos de que sube el CO₂, el diafragma empieza a contraerse solo. Se siente como un tirón en el estómago y asusta la primera vez.
Viene del nervio frénico y es una señal, no un apagón. Con instructor al lado y reglas claras, ahí es justo donde empieza el aprendizaje de verdad.
Sin instructor al lado, ahí es donde se sube. Siempre.
Contracciones diafragmáticas · nervio frénico

SEIS
Pasada cierta profundidad, el cuerpo pesa más que el agua y cae solo.
Al comprimirse el aire que llevas, dejas de flotar y te vuelves negativo. A partir de ahí no hay que patalear: se baja sin mover un músculo.
Se llama caída libre y es lo que engancha a todo el mundo. También es la razón por la que el ascenso se planea antes de bajar: el camino de regreso es el que cuesta.
Flotabilidad negativa por compresión

SIETE
La apnea es segura con reglas y es de las prácticas más peligrosas sin ellas.
Hiperventilar antes de bajar —esas respiraciones rápidas y profundas que hace la gente en las películas— no te carga de oxígeno. Lo que hace es barrer el CO₂, y con él la alarma.
El resultado es que la urgencia de respirar llega tarde o no llega, mientras el oxígeno sigue bajando en silencio. Se puede perder el conocimiento sin ninguna señal previa. En el agua, perder el conocimiento solo es fatal.
Conviene decirlo con precisión, porque mucha gente lo confunde: hiperventilar no es «respirar distinto», es mover más aire del que tu cuerpo necesita. Lo que baja el CO₂ es cuánto aire mueves por minuto, no a qué ritmo. Respirar despacio y sin llenarte mueve menos aire: es lo contrario de hiperventilar. Lo que sí hiperventila es respirar hondo muchas veces, rápido o despacio.
Por eso en apnea nunca se bucea solo: uno baja y otro espera en la superficie, mirando, listo. No es un formalismo del curso; es la diferencia entre un susto y una tragedia.
Nunca practiques apnea en el agua sin alguien capacitado observándote. Ni en el mar, ni en una alberca, ni «un ratito». Tampoco hagas apnea después de bucear con tanque.
LAS REGLAS
Estas cinco reglas no las inventé yo: son las mismas en todas las agencias del mundo, y existen porque cada una se escribió después de un accidente.
ESTA SEMANA
Ninguna es apnea. Las tres son respiración, se hacen sentado o acostado, en tu casa, y son la base de todo lo que se enseña después.
Acostado, una mano en el pecho y otra en la panza. Inhala por la nariz de modo que solo se levante la mano de abajo. Cinco minutos. La mayoría de los adultos respiramos con el pecho y ese es el primer hábito que hay que deshacer.
0 respiraciones · 0:00
Inhala en cuatro tiempos y exhala en seis. Cada ciclo dura diez segundos, así que salen seis respiraciones por minuto. Esa cadencia no es cualquiera: es la frecuencia en la que el ritmo del corazón entra en resonancia con el barorreflejo, el sistema que regula tu presión. La variabilidad del pulso sube y el nervio vago toma el mando. Cinco minutos bastan.
Una condición, y hace toda la diferencia: respira normal, sin llenarte. Lento no es lo mismo que profundo.
En seco y sin agua de por medio: tápate la nariz y mueve la lengua hacia atrás y arriba, como si dijeras una K, hasta sentir que los oídos se destapan. Es la técnica del capítulo cuatro y el 90% del trabajo se hace fuera del agua.
GLOSARIO